Antigua Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe

San Juan Diego y La Virgen de Guadalupe

Hernán Cortés conquistó el imperio Azteca tan sólo 30 años después de que los españoles mismos lograron la conquista del territorio que se convertiría en la España moderna. Dicha conquista fue un proceso histórico por demás complicado que duró un poco más de 800 años, durante los cuales los reinos cristianos del norte pelearon con los Árabes en el sur por el control total de la península ibérica.

Durante este proceso muchas imágenes cristianas se convirtieron en el estandarte que mantenía la fe de los guerreros en la lucha, entre ellas la Virgen de Guadalupe: la advocación mariana más importante en la península ibérica durante la Edad Media. Esta virgen toma su nombre del río Guadalupe en Extremadura, una región de donde provenían muchos conquistadores de México, como el mismo Hernán Cortés. Su imagen llegó a América como elemento persuasivo en la conversión de los pueblos conquistados, quizás por ciertas peculiaridades en su iconografía como la piel morena.

Sin embargo, la tradición religiosa, apoyada en un relato en lengua nahua de nombre “Nican Mopohua”, sostiene que la Virgen de Guadalupe efectivamente apareció en varias ocasiones durante 1531 a un indígena de nombre Juan Diego (ahora canonizado por la Iglesia Católica). Dichas apariciones, dice el relato, tuvieron lugar en el cerro del Tepeyac al norte de la Ciudad de México, un sitio muy venerado desde antaño por los Nahuas ya que en él se encontraba un santuario dedicado a Tonantzin, la madre tierra en su fase más benevolente.

La historia dice que la Virgen y Juan Diego conversaron y que ella le ordenó a él que fuera con Fray Juan de Zumárraga a pedirle que construyera un santuario católico consagrado a ella. Según el relato, Juan Diego hizo varios intentos sin éxito para convencer al fraile de que lo que decía era verdad. En vista de la negativa, la Virgen le dijo a Juan Diego que recogiera unas rosas (que no se encuentran naturalmente en un sitio tan agreste) en su ayate y las llevara al fraile como prueba del milagro.

Una vez frente a Fray Juan de Zumárraga, Juan Diego extendió su ayate y las rosas cayeron al suelo, pero además apareció la imagen de la Virgen plasmada en él, provocando la admiración y la devoción de todos los que estaban presentes. Sin necesidad de mayor prueba Fray Juan de Zumárraga ordenó la construcción del santuario solicitado a los pies del cerro del Tepeyac, donde Juan Diego indicó que la Virgen de Guadalupe le había hablado la primera vez.

La veracidad de la historia continúa en debate tanto dentro como fuera de la Iglesia Católica. Lo cierto es que hoy por hoy la devoción a la Virgen de Guadalupe, o Tonantzin para muchos indígenas actualmente, ha traspasado fronteras y ha sido declarada Emperatriz de América. En México su culto es más popular incluso que el de Jesucristo y su día, el 12 de diciembre, es motivo de un peregrinaje masivo que congrega hasta 9 millones de fieles que cantan y bailan a lo largo de toda la celebración, que puede durar días.